Cultura y Educación
Autor: Pablo Santiesteban, periodista , 1 de noviembre de 2020

Serafín y Bertita, los “santos” populares de Valdivia

La animita de Serafín Rodríguez es una devoción de más de cien años en la ciudad.
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Uno fue fusilado en 1906 y la otra asesinada en 1923, ambos comparten finales trágicos, pero una historia de milagros y veneración en la capital de Los Ríos.

Bertita Vargas aún perdura en la conciencia colectiva de los vecinos del barrio Regional con su vistosa animita.

¿De dónde nace la costumbre de levantar una animita o casita en homenaje a una persona? Se cree que la fusión de las culturas cristiana y del animismo de pueblos de América llevó a crear esta costumbre arraigada en Chile donde, por lo general por un hecho trágico, se levanta una casita o capillita en homenaje a esa alma. 

La creencia popular difunde que el alma que muere en circunstancias trágicas queda vagando y necesitan la construcción de estas “capillitas” que sean una especie de puente con sus deudos que les prenden velas y hasta les piden que intercedan ante Dios por algún favor. La Iglesia Católica no condena esta vieja tradición popular y como una forma de respeto aconseja rezar un Ave María al transeúnte que pasa por el lugar de una animita, entendiendo que dicha alma necesita oración para alcanzar la paz en el más allá.

En Valdivia existen varias animitas de personas, sin embargo las más populares y milagrosas son las de Serafín Rodríguez -“canonizado” por el pueblo como “San Serafín”- y Bertita Vargas, que lucen varias placas en agradecimiento por sus milagros o favores concedidos. Pero ¿quiénes fueron estos misteriosos santos populares valdivianos? En este 1 de noviembre DiariodeValdivia.cl buscó antecedentes de sus historias que para muchos rayan en lo milagroso y espiritual, pero donde la tragedia fue un denominador común.

EL SANTO FUSILADO

Los cementerios contienen la historia de una ciudad escrita en las lápidas de los nichos o tumbas y en el Cementerio Municipal N° 1 de Valdivia, en el patio 12, el más antiguo desde la creación del camposanto en 1918, se encuentra la gruta de “San Serafín”, por lejos el “santo” valdiviano más popular y milagroso.

Don Eusebio y su esposa, dos octogenarios valdivianos, visitan la gruta de Rodríguez, entran con respeto a su interior y van sacando un paquetito de velas. En el interior de la “capilla” destaca entre cientos de plaquitas y santitos una que dice: “Serafín Rodríguez + 06 – 09 – 1906 (Fusilado)”. Luego de sus oraciones, don Eusebio nos cuenta que Serafín Rodríguez era un buen joven que tenía un hermano al que estaba muy unido. No explica las circunstancias, pero el hermano de Serafín asesinó a una persona y el joven como vio que éste era casado y tenía hijos decidió echarse la culpa y entregarse a la policía. El devoto de Serafín cuenta que Rodríguez fue encontrado culpable por la justicia y fue condenado a morir fusilado. 

Pronto dentro de la ciudadanía se corrió la voz que era inocente y conmovidos por el sacrificio manos piadosas instalaron una animita en el viejo cementerio de Valdivia que estaba ubicado en calle Errázuriz, en parte de lo que hoy es el estadio del Parque Municipal. Don Eusebio asegura a pies juntos que desde entonces Serafín Rodríguez le concede milagros a quién se los pide con fe y entregado a Dios. Con los años la animita fue trasladada hasta su sitio actual e impresiona por la gran cantidad de placas y velas que agradecen los favores concedidos.

El relato de este matrimonio valdiviano es el más popular y conocido por la ciudadanía, sin embargo existe otro aportado por el folclorólogo Oreste Plath que entrega una historia más oscura y triste de lo que pasó con el santo fusilado. También en el libro de fusilamientos de la historia de Chile aparece el nombre de Serafín Rodríguez que, además, pide que se le haga una misa por su alma.

La segunda versión de la historia del santo cuenta que él y su hermano asesinaron a hachazos a un matrimonio y a un hijo de estos, dejaron mal herida a una hija y la menor alcanzó a escapar y avisar a la policía. Los hechos ocurrieron en Gorbea y los Rodríguez fueron capturados y llevados a la cárcel de Valdivia.

Ambos hermanos eran analfabetos y muy jóvenes, pero como Serafín ya tenía mayoría de edad la justicia sólo lo condenó a él a morir fusilado. Aparentemente ambos hermanos tenían buena conducta y habrían llamado la atención del capellán de la cárcel y hombres y mujeres piadosas que ayudaban a los presos con cosas para pasar las frías noches de celda.

El 6 de septiembre de 1906 Serafín Rodríguez fue ajusticiado. No se sabe dónde fue sepultado, nunca se supo qué fue de su hermano, pero su nombre perdura 100 años después de su trágico fin entre los valdivianos.

LA NIÑITA DE CALLE BUERAS

La calle Bueras es el centro neurálgico del Barrio Regional donde destacan los antiguos departamentos y el Hospital Regional de Valdivia, de ahí el nombre del sector. Por años en esa calle funcionó el Hospital John Kennedy y junto al muro de cemento destacaba una animita que todos los vecinos decían que era de la “Bertita”. Con el tiempo, el hospital se demolió y se instaló en el lugar un supermercado de una gran cadena, pero la animita fue respetada. ¿Qué mal le podía hacer a las ventas una animita?

Muchos de los antiguos vecinos de calle Bueras, ahora ya fallecidos, recordaban aún la historia de Bertita Vargas, la niña que fue asesinada en dicho sector cuando aún era semi poblado. Sucedió un martes 2 de octubre de 1923, la niña tendría apenas 4 años y vivía junto a su madre Rosa García y su padrastro José Sanetti en calle Picarte 1439. 

Según la investigación que realizó el bloggero Marco Barrientos Reyes en su página valdiviapatrimonial.wordpress.com y que documentó con información del diario El Correo de Valdivia de 1923, la niña Bertita no estaba al cuidado de su madre cuando un hombre, Facundo Primitivo Contreras Torres, al parecer en estado de ebriedad, la convenció para que la siguiera.

Según el estudio de este bloggero y los testimonios de El Correo de Valdivia, la pequeña fue vista de la mano de Contreras por el carretero Lucas Silva -que ubicaba a Contreras-, que vio como llevaba a una niñita de la mano izquierda por calle Picarte, entre Carlos Cousiño (actual General Baquedano) y Barros Arana. También los vio Clara Rosa Pérez, quien se encontraba lavando ropa y le pareció sospechoso que Bertita quisiera escaparse del hombre a lo que él opuso resistencia. Luego vio sólo a Contreras, pero con tierra en su ropa. Esta mujer fue clave con su testimonio ante la policía.

Otra mujer que vio a Contreras fue Adelina Torres que le prestó un cepillo para que limpie sus ropas y zapatos de la tierra que tenían. 

Pasado el mediodía de ese 2 de octubre de 1923 el niño Manuel Garay encontró el cuerpo de Bertita en una zanja de más o menos un metro de profundidad. Primero pensó que estaba durmiendo, pero al ir a verla comprobó que estaba muerta. El niño fue el primero en avisar a la policía.

Tras una serie de averiguaciones, la policía identificó a Contreras, domiciliado en Huellelhue y casado con Teolinda González de la que estaba separado hacia 6 meses. 

La policía capturó a Contreras Torres en Huellelhue, en la casa de su padre, y fue llevado a caballo a Valdivia a eso de las 6 de la mañana del 4 de octubre de 1923. La indignación de la ciudadanía fue grande, pues alrededor de 300 personas -según El Correo de Valdivia- se agolparon al cuartel de policías para ver al detenido y otro tanto en el juzgado.

Debido a que Contreras cometió dos crímenes, violación y homicidio, arriesgaba por el primero una pena de presidio menor en su grado medio, o sea de 3 años y un día a 15 años, pero como incurrió en premeditación y alevosía debería aplicársele la pena máxima (15 años). Por el segundo crimen “homicidio calificado” tenía una pena de presidio mayor en su grado menor o máximo, no excluyendo la pena de muerte.

Los funerales de Bertita se realizaron en la mañana del jueves 4 de octubre (no se especifica en qué cementerio fue sepultada) aunque al parecer no está sepultada en el Cementerio Municipal N° 1.

Con el tiempo se instaló una animita para recordar a Bertita en el mismo sector donde se encontró su cuerpo, en lo que hoy es calle Bueras. Desde 1923 y en pocos años la animita se hizo popular y corrió la voz que este “angelito” concedía milagros a quien se lo pedía. Aún hasta hoy se prenden velitas ante la casita de Bertita y las placas de agradecimiento son testigos de la intercesión de esta “santita” valdiviana.

El barrio Regional se afianzó en los años cuarenta cuando el hospital ya era una realidad desde 1939 y es probable que la animita ya estaba desde antes de la urbanización del barrio.

 

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